¿Aparece Jesús en el A.T.?
Publicado por Raúl Gonzáles
¿Aparece Jesús en el Antiguo Testamento?
La mayoría de los cristianos aceptamos la preexistencia
de Cristo. Eso significa que Él ya existía antes de nacer. A la vez, confesamos
que Jesús es Dios mismo, así que de alguna forma debe estar presente en el
Antiguo Testamento.
De
modo que sí aparece, pero... ¿Cómo?
A priori podemos decir que
Jesús aparece en el Antiguo Testamento. La pregunta es: ¿Cómo lo hace? Resulta
evidente que hay sucesos y personajes que tipifican la obra o el carácter de
Jesús. Buenos ejemplos de ello son Jonás y su experiencia en el vientre del pez
durante tres días (Lee Mateo 12:40), o José y su venta como esclavo por veinte
piezas de plata (Génesis 37:28). Por otro lado, existen interpretaciones
populares que tratan de ver su obra neotestamentaria en casi cada página de
esos libros.
Por ejemplo, es popular
escuchar que Cristo es el tabernáculo porque nos acerca a Dios, el arca de Noé
porque nos salvó del diluvio espiritual, o las cuevas donde se refugió David. Aunque
estas ideas resultan en aplicaciones muy espirituales, la verdad es que no le
hacen justicia al Antiguo Testamento y su propósito. Lo mejor quizá es tratar
con mucha cautela estos símbolos y buscar mejores opciones en cuanto a la
presencia de Jesús en el Antiguo Testamento.
Profecías mesiánicas.
Una vía más segura es la de
examinar el desarrollo de las variadas promesas que anuncian la llegada de un
Salvador al mundo. Algunas son bastante oscuras como la de Génesis 3:15, que
promete solo que la serpiente será vencida por la simiente (un descendiente) de
la mujer. Otras aclaran el origen familiar del futuro ungido (Génesis 49:10).
Más adelante, los Salmos
revelan detalles de la vida y la muerte del Mesías, como un carácter de Hijo de
Dios (Salmo 2), las aflicciones de la crucifixión (Salmo 22) o su oficio de
sacerdote y rey (Salmo 110). Al avanzar la revelación, los detalles acerca del
futuro Mesías se vuelven más claros. Isaías, por ejemplo, revela los siguientes
aspectos; su nacimiento de una virgen (Isaías 7:14), sus nombres excelentes
(Isaías 9:6), la naturaleza de su ministerio (Isaías 61: 1-2) y abundantes
detalles acerca de su sufrimiento y muerte (Isaías 53). Otros profetas agregan
detalles como el de su nacimiento en Belén (Miqueas 5:2) y su entrada triunfal
(Zacarías 9:7). Aunque muchas de estas profecías dependen de un testimonio
neotestamentario de su cumplimiento, es obvio que la esperanza mesiánica está
profundamente enraizada en el Antiguo Testamento.
Sistema
de sacrificios.
Es innegable que el sacrificio
de Jesús en la cruz adquiere su verdadera
dimensión y significado cuando lo comprendamos a la luz del sistema
sacrificial del Antiguo Testamento. Parece como si todas las ceremonias y
constante preocupación por la sangre apuntaran en la dirección de un sacrificio
perfecto.
El cordero sin mancha del
sistema levítico tiene su cumplimiento en el Cordero de Dios que quita el
pecado del mundo en Juan. Las ideas de la sustitución, la propiciación y la redención,
tan asociadas con la Persona y la obra de Jesús, provienen de las ideas y
prácticas del Antiguo Testamento. Así que cada sacrificio y cada ofrenda del
pueblo de Israel, en un sentido muy real, apuntaban a la perfección de Cristo.
Personajes
excepcionales.
Algunos estudiosos
mencionan a algunos personajes del Antiguo Testamento como apariciones
preencarnadas de Jesucristo. Así, se menciona al ángel del Señor, que es el
Señor mismo, pero se habla de él en tercera persona (Zacarías 3:1-3). Otros mencionan
al príncipe del ejército del Señor que se le apareció a Josué. Aunque se acepta
que estas sí son posibles apariciones del Señor Jesús, siempre se recomienda
cautela al interpretar los textos, ya que cuando la Biblia calla, es mejor
tener prudencia.

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