martes, 23 de abril de 2013

¿Aparece Jesús en el A.T.?

Publicado por Raúl Gonzáles









¿Aparece Jesús en el Antiguo Testamento?


La mayoría de los cristianos aceptamos la preexistencia de Cristo. Eso significa que Él ya existía antes de nacer. A la vez, confesamos que Jesús es Dios mismo, así que de alguna forma debe estar presente en el Antiguo Testamento.

De modo que sí aparece, pero... ¿Cómo?


A priori podemos decir que Jesús aparece en el Antiguo Testamento. La pregunta es: ¿Cómo lo hace? Resulta evidente que hay sucesos y personajes que tipifican la obra o el carácter de Jesús. Buenos ejemplos de ello son Jonás y su experiencia en el vientre del pez durante tres días (Lee Mateo 12:40), o José y su venta como esclavo por veinte piezas de plata (Génesis 37:28). Por otro lado, existen interpretaciones populares que tratan de ver su obra neotestamentaria en casi cada página de esos libros.

Por ejemplo, es popular escuchar que Cristo es el tabernáculo porque nos acerca a Dios, el arca de Noé porque nos salvó del diluvio espiritual, o las cuevas donde se refugió David. Aunque estas ideas resultan en aplicaciones muy espirituales, la verdad es que no le hacen justicia al Antiguo Testamento y su propósito. Lo mejor quizá es tratar con mucha cautela estos símbolos y buscar mejores opciones en cuanto a la presencia de Jesús en el Antiguo Testamento.

Profecías mesiánicas.

Una vía más segura es la de examinar el desarrollo de las variadas promesas que anuncian la llegada de un Salvador al mundo. Algunas son bastante oscuras como la de Génesis 3:15, que promete solo que la serpiente será vencida por la simiente (un descendiente) de la mujer. Otras aclaran el origen familiar del futuro ungido (Génesis 49:10).

Más adelante, los Salmos revelan detalles de la vida y la muerte del Mesías, como un carácter de Hijo de Dios (Salmo 2), las aflicciones de la crucifixión (Salmo 22) o su oficio de sacerdote y rey (Salmo 110). Al avanzar la revelación, los detalles acerca del futuro Mesías se vuelven más claros. Isaías, por ejemplo, revela los siguientes aspectos; su nacimiento de una virgen (Isaías 7:14), sus nombres excelentes (Isaías 9:6), la naturaleza de su ministerio (Isaías 61: 1-2) y abundantes detalles acerca de su sufrimiento y muerte (Isaías 53). Otros profetas agregan detalles como el de su nacimiento en Belén (Miqueas 5:2) y su entrada triunfal (Zacarías 9:7). Aunque muchas de estas profecías dependen de un testimonio neotestamentario de su cumplimiento, es obvio que la esperanza mesiánica está profundamente enraizada en el Antiguo Testamento.

Sistema de sacrificios.

Es innegable que el sacrificio de Jesús en la cruz adquiere su verdadera  dimensión y significado cuando lo comprendamos a la luz del sistema sacrificial del Antiguo Testamento. Parece como si todas las ceremonias y constante preocupación por la sangre apuntaran en la dirección de un sacrificio perfecto. 

El cordero sin mancha del sistema levítico tiene su cumplimiento en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo en Juan. Las ideas de la sustitución, la propiciación y la redención, tan asociadas con la Persona y la obra de Jesús, provienen de las ideas y prácticas del Antiguo Testamento. Así que cada sacrificio y cada ofrenda del pueblo de Israel, en un sentido muy real, apuntaban a la perfección de Cristo.

Personajes excepcionales.

Algunos estudiosos mencionan a algunos personajes del Antiguo Testamento como apariciones preencarnadas de Jesucristo. Así, se menciona al ángel del Señor, que es el Señor mismo, pero se habla de él en tercera persona (Zacarías 3:1-3). Otros mencionan al príncipe del ejército del Señor que se le apareció a Josué. Aunque se acepta que estas sí son posibles apariciones del Señor Jesús, siempre se recomienda cautela al interpretar los textos, ya que cuando la Biblia calla, es mejor tener prudencia.
 

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