viernes, 3 de mayo de 2013

Cómo incluir historias e ilustraciones en tus charlas

Publicado por Raúl Gonzáles










Todos recordamos alguna historia que escucharnos que nos hizo llorar, reír, o hasta enojarnos al punto de querer trasladarnos al lugar de los hechos y ser parte de la aventura. Las historias están presentes en todo: Chistes, chismes, novelas de televisión, noticieros y La Biblia. ¡Estamos rodeados de ellas, ya que la vida misma es una gran historia!

Si hablamos del poder que puede tener un logo o imagen sobre nosotros y lo que produce en nuestro cerebro, también podemos sorprendernos. ¡Piensa en el logo de tu refresco favorito y sin duda alguna en unos minutos hasta podrás sentir su sabor! Lo cierto es que las ilustraciones e historias captan de manera poderosa nuestra atención. Así que cuando son bien utilizadas, constituyen poderosas herramientas para lograr una comunicación efectiva, y por ende, un aprendizaje significativo. 

Sin embargo, es muy importante recordar que son recursos para captar y orientar la atención. De modo que sí abusas de ellos o no son utilizados correctamente, pueden convertirse en los más poderoso disociadores de la enseñanza. El resultado sería poco beneficioso y totalmente contrario a lo que imaginaste que podría suceder. En ese momento, redirigir la atención de tu audiencia al punto que realmente deseabas resultará imposible por completo.

Las historias e ilustraciones son herramientas de comunicación que utilizan un acontecimiento, relato u objeto para ayudar a alguien a entender y sentir cómo se sienten o actúan otros. Estimulan el hemisferio izquierdo (analítico) y el derecho (emocional) del cerebro. Son además sumamente efectivas para comunicar pensamientos y emociones, motivan una respuesta o acción específica, estimulan el pensamiento lógico, el análisis y la capacidad de recordar y relacionar. ¡Constituyen un excelente canal de comunicación! Jesús utilizaba parábolas para enseñar, que no son más que una forma de comunicar una verdad ilustrándola con analogías o ejemplos de la vida cotidiana. Con frecuencia empleaba objetos físicos e ilustraciones para dar a entender su punto.

¿Puedes imaginar lo útiles que pueden llegar a ser las historias e ilustraciones en tu labor como líder o pastor? A partir de hoy, ten en cuenta estas sugerencias y conviértete en un comunicador efectivo del mensaje único de la Palabra de Dios.

. Enfoca tus esfuerzos en cumplir tu objetivo. Cada reunión que tengas a tu cargo debe tener una meta que cumplir, y alcanzarla debe ser tu objetivo. Cada actividad del programa que diseñes debe convertirse en una herramienta para alcanzar tu fin. Todas las actividades y recursos que no tengan relación directa con esto, elimínalas del programa porque pueden desviar la atención de tu audiencia.

. Determina el propósito. Decide qué quieres lograr con cada ilustración o historia que utilices. Conéctalas con el propósito de tu enseñanza. Define si con la historia o ilustración quieres corregir, ejemplificar o expresar algo. Por intención y el objetivo de la reunión.

. Conoce a tu audiencia. Ten cuidado de no caer en el error de utilizar ilustraciones que para ti tengan un gran significado, pero para tu audiencia no. El contexto de cada generación es diferente e incluso algunos símbolos adquieren con el tiempo y a través de las culturas diferentes significados. La historia o ilustración que decidas utilizar será más efectiva si tiene sentido para quienes te escuchan.

.Escoge la herramienta que utilizarás. De acuerdo a tu objetivo, utiliza una historia, ilustración o imagen que sea congruente con el contenido de tu enseñanza. No agregues nada solo porque te pareció gracioso o atractivo, o para llenar un espacio vacío de tiempo. Utiliza solo aquello que te ayude a enfocar la atención de tu audiencia en lo que quieres plasmar en sus mentes y corazones. Recuerda que el propósito principal de tu tarea no es impresionar a nadie, sino enseñar La Palabra de Dios. Utiliza el sentido común para no sobrecargar tu mente con diez historias y veinte imágenes. Cada herramienta que utilizas genera procesos en el cerebro de tu audiencia, procesos que debemos respetar para no cansar la vista, el pensamiento y perder el control en cuanto al logro de tu objetivo. 

.Personaliza tus ilustraciones o historias. Salte de lo convencional, usa historias reales acerca de ti o algún miembro de tu grupo (con su previa autorización) y elabora tus propias imágenes con fotos reales tuyas y de tu grupo. Esto le dará cierto toque de pertenencia y mucha originalidad a los recursos que utilices. Además, así estimularás la participación y la atención de tu audiencia.

. Anticípate a los resultados. Prepara con anticipación tu enseñanza y emplea el tiempo necesario para revisar lo que planificaste. Ensaya el momento en el que usarás las historias e ilustraciones, porque serás capaz de percibir de diferentes maneras lo que dirás y cómo lo expresarás. En muchas ocasiones verás cómo revisar tu bosquejo o enseñanza te permitirá redefinir tu trabajo y mantenerte más atento a los detalles. 


¡Utiliza estos criterios y lograrás comunicarle de manera efectiva el mensaje de Dios a las próximas generaciones!

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