Cómo servir a Dios sin morir en el intento
Publicado por Raúl Gonzáles
Son innumerables los casos de liderazgo en el ministerio
en los que vemos el agotamiento como consecuencia de una vida desbalanceada y
con prioridades equivocadas. Llevamos el servicio a Dios al extremo de agotar
nuestras propias vidas y descuidar nuestro cuerpo, a veces con ocupaciones y
agendas que Dios no nos ha llamado a llevar a cabo. Por fuerte que esto pueda
parecerte, deseo que hoy te detengas un poco y tomes conciencia de que tu
trabajo para el reino de Dios es tan importante, que vale la pena que estés
muchos años en esta tierra a fin de desarrollarlo. Un líder cansado no puede
escuchar a Dios, y dirige a su gente a la deriva. Nuestro trabajo es
principalmente espiritual, por lo tanto, no podemos perder de vista lo más
importante.
Ninguna agenda, evento, actividad ni consejería
ministerial pueden reemplazar nuestro tiempo a solas con Dios, nuestra lectura
y meditación de La Palabra. Regresar a la fuente misma, que es Dios, nos dará
la dirección, la visión y las fuerzas necesarias para que todo lo demás fluya
en perfecta armonía.
Pasos prácticos para no agotarte:
1. Dedica
las horas necesarias a dormir y establece el hábito de planificar actividades o
días destinados solo a descansar, relajarte en familia y olvidar
momentáneamente las responsabilidades ministeriales. Esos “respiros” te
permitirán lograr un balance y te pondrán de nuevo en la dirección correcta.
2. Delega
todo lo que puedas en tu gente de confianza. Considera en Éxodo 18:17-18, 21-23
el consejo que el suegro de Moisés le da en un momento en que él se sentía
frustrado o agotado. No tienes que hacer todo el trabajo tú solo. Confiarle ciertas
responsabilidades a tu gente posibilitará que te hagas cargo de lo principal y
potenciará a tu equipo.
3. Pon tus
prioridades en orden. Quizás esto implique que tengas que aprender a decir que “no”
a ciertas cosas sin que te invada la culpa. Recuerda el siguiente orden de
prioridades a la hora de programar tu día: Primero Dios, luego tu familia y en
tercer lugar tu ministerio. ¡Corre cada día a la presencia del Señor hará que
definitivamente puedas servir a Dios sin morir en el intento!

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