sábado, 4 de mayo de 2013

Cómo servir a Dios sin morir en el intento

Publicado por Raúl Gonzáles










Son innumerables los casos de liderazgo en el ministerio en los que vemos el agotamiento como consecuencia de una vida desbalanceada y con prioridades equivocadas. Llevamos el servicio a Dios al extremo de agotar nuestras propias vidas y descuidar nuestro cuerpo, a veces con ocupaciones y agendas que Dios no nos ha llamado a llevar a cabo. Por fuerte que esto pueda parecerte, deseo que hoy te detengas un poco y tomes conciencia de que tu trabajo para el reino de Dios es tan importante, que vale la pena que estés muchos años en esta tierra a fin de desarrollarlo. Un líder cansado no puede escuchar a Dios, y dirige a su gente a la deriva. Nuestro trabajo es principalmente espiritual, por lo tanto, no podemos perder de vista lo más importante.

Ninguna agenda, evento, actividad ni consejería ministerial pueden reemplazar nuestro tiempo a solas con Dios, nuestra lectura y meditación de La Palabra. Regresar a la fuente misma, que es Dios, nos dará la dirección, la visión y las fuerzas necesarias para que todo lo demás fluya en perfecta armonía. 

Pasos prácticos para no agotarte:

1.    Dedica las horas necesarias a dormir y establece el hábito de planificar actividades o días destinados solo a descansar, relajarte en familia y olvidar momentáneamente las responsabilidades ministeriales. Esos “respiros” te permitirán lograr un balance y te pondrán de nuevo en la dirección correcta.

2.    Delega todo lo que puedas en tu gente de confianza. Considera en Éxodo 18:17-18, 21-23 el consejo que el suegro de Moisés le da en un momento en que él se sentía frustrado o agotado. No tienes que hacer todo el trabajo tú solo. Confiarle ciertas responsabilidades a tu gente posibilitará que te hagas cargo de lo principal y potenciará a tu equipo.

3.    Pon tus prioridades en orden. Quizás esto implique que tengas que aprender a decir que “no” a ciertas cosas sin que te invada la culpa. Recuerda el siguiente orden de prioridades a la hora de programar tu día: Primero Dios, luego tu familia y en tercer lugar tu ministerio. ¡Corre cada día a la presencia del Señor hará que definitivamente puedas servir a Dios sin morir en el intento!

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