Tenemos un Dios sumamente creativo y que se deleita en
la diversidad. ¡Esto no es ningún secreto! Es tan creativo que cada uno de
nosotros tiene un diseño especial, cada individuo posee características particulares
que dan como resultado que cada uno sea especial y único.
Todos lo sabemos y hemos repetido esta verdad en
diferentes ocasiones, ¿Pero qué sucede cuando son estas mismas diferencias las
que nos hacen meternos en problemas? ¿Qué ocurre cuando observas que no todos
tus amigos reaccionan igual ante una broma o historia? ¿Qué pasa cuando no
todos los que te escuchan en tu grupo de jóvenes entienden la profundidad de tu
estudio bíblico tan bien planificado y diseñado? ¿Alguna vez has planeado una
actividad con gran esmero o creaste un video que creíste que cambiaría la
historia de tus jóvenes y al ponerlo en práctica
o proyectarlo simplemente no sucedió nada de lo que planeaste? ¡Quizá algunos
ni entendieron el mensaje!
Cuando en situaciones como estas las diferencias en las
que Dios se deleita nos causan ciertos conflictos, casi nos dan ganas de
olvidar el enunciado con el que iniciamos esta sección. A veces creemos que “algunos”
no pusieron suficiente atención o que se trató de demasiado conocimiento para “ciertas”
mentes.
Sin embargo,
descubramos juntos cómo podemos hacer que esas diferencias en la manera
de aprender sean una herramienta útil en tu ministerio o servicio. Estas diferencias
son abordadas por los estudios de los estilos de aprendizaje, un concepto que
entra al mundo de la educación en la década de 1980 y guarda relación estrecha
con tu trabajo pastoral o ministerial. La
iglesia educa…. ¡Tú educas y enseñas! Necesitas conocer cuáles son estos
estilos de aprendizaje a fin de ser más efectivo y relevante en tu comunicación.
Un estilo de aprendizaje puede definirse como la
tendencia que cada persona tiene de percibir las interacciones y reaccionar
ante diferentes ambientes de aprendizaje, y está determinado por una serie de
rangos:
Estilos
de pensamiento:
Estos son todos los aspectos relacionados con la forma
de atender, percibir y pensar. Están determinados por los sentidos
predominantes a la hora de captar y organizar la información, la necesidad de
estructuras, lo conceptos, etc.
Rasgo
afectivos:
Como la motivación a prender determinados temas, las
expectativas y las experiencias previas.
Procesos
perceptivos:
Este rasgo está relacionado con la manera en la que cada
persona se enfoca en los nuevos conocimientos y la elaboración de las “tareas”.
Tales rangos dan como resultado los siguientes estilos
de aprendizaje:
Activo:
son de mente abierta y se muestra entusiastas con las tareas nuevas. Crecen y
aprenden con los desafíos, pero se aburren de las cosas a largo plazo. Suelen ser
poco ordenados. Se involucran con los demás y centran a su alrededor todas las
actividades. Aprenden mejor cuando compiten en equipo, generan ideas y no
tienen que estar sentados escuchando una hora seguida.
Reflexivo: Son
prudentes y consideran todas las alternativas antes de decidir y actuar. Disfrutan
observando el desempeño de los demás. Escuchan, pero no intervienen hasta que
están seguros. Aprenden mejor observando y escuchando que participando. Tienden
a ser un poco lentos en sus actividades y seguramente no serán los mejores en
los rallys o las competencias con un tiempo asignado. Debes dejarlos asimilar y
trabajar a su propio ritmo, que no siempre será el que tú esperas.
Teórico:
ven
los problemas y los enfocan en secuencias lógicas. Son perfeccionistas. Les gusta
analizar y sintetizar la información, buscan la racionalidad y la objetividad
en todo lo que escuchan. Aprenden muy bien por medio de preguntas y respuestas,
poniendo a prueba métodos y afirmaciones. Pueden ser un tanto incrédulos con lo
que estás enseñando. Te harán preguntas profundas que necesitas contestar,
porque ellos las hacen no para probarte a ti, sino para aprender mejor.
Pragmático: son
geniales poniendo en práctica las ideas, actúan rápidamente y con seguridad en respuesta
a aquellas ideas que les atraen. Suelen ser impacientes con las personas que
teorizan. Tienen como filosofía de vida: “Si funciona, entonces es bueno”. Aprenderán
mejor cuando logres plantear en términos prácticos y funcionales lo que estés
diciendo, es decir, necesitan ver el nexo evidente de la teoría y la
oportunidad para aplicarlo. Mientras más ilustres lo que quieres enseñar con
ejemplos, y mientras más instrucciones prácticas y técnicas les brindes, el resultado
será mucho mejor.
Es muy importante no utilizar los estilos de aprendizaje
como una herramienta para clasificar a los chicos en categorías cerradas. En realidad,
la mayoría de nosotros tenemos más de uno de ellos enfatizado, y para
aprovecharlos al máximo necesitas diseñar experiencias de aprendizaje que
involucren a todos los aprendizajes posibles. Entender a tus chicos te servirá
para acercarte a ellos y se relevante aun en las conversaciones más sencillas
que sostengan con ellos. ¡Disfruta esa diversidad y sácale el máximo provecho!
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