lunes, 6 de mayo de 2013

¿Autores inspirados o textos inspirados?

Publicado por Raúl Gonzáles











Una de las doctrinas más distintivas de los evangélicos es la de la inspiración de la Biblia. Prácticamente todos los evangélicos, sobre todo en América  Latina, confiesan y defienden la inspiración divina de las Escrituras. Sin embargo, con relación a la manera en que la Biblia es inspirada, no existen demasiados estudios profundos. A continuación, se presenta un breve resumen de lo que La Biblia y la teología cristiana enseñan sobre este importante tema:

Inspirada por Dios:

La doctrina de la inspiración se basa en varios principios revelados a lo largo de la Biblia, pero la base del concepto son dos pasajes básicos. El primero de ellos es 2 Timoteo 3:16, donde Pablo exhorta a su discípulo, Timoteo, a enfrentar los desafíos de la Palabra de Dios que le han sido enseñados durante toda su vida. Al hacerlo, el apóstol se refiere a toda la Escritura como “Inspirada por Dios” y útil para orientarnos. La frase en español “Inspirada por Dios” está conformada por una sola palabra en el griego: Theopneustos. El término, que aparece solamente en este texto en el Nuevo Testamento, está compuesto por dos raíces, a saber, Theos, que significa “Dios” y Pneuma, que significa “Viento, soplo o espíritu”. De modo que una traducción literal, aunque rudimentaria, podría ser: “Soplada por Dios”. Esto reafirma la acción divina a través del Espíritu. Sin embargo, si yo  te preguntara: ¿Qué es lo inspirado en este pasaje?, tendrías que notar que los autores no aparecen en el texto. Lo inspirado o “soplado” por Dios es la Escritura misma. En otras palabras, técnicamente hablando, la cualidad de ser inspirada por Dios la posee solo la Biblia, no los autores.

Impulsados por el Espíritu Santo:

A estas alturas, muchos quizá estén repasando en su mente un famoso texto que dice que los autores fueron inspirados. En verdad, el pasaje existe y es 2 Pedro 1:21. En varias traducciones se afirma que los hombres de Dios hablaron “Siendo inspirados por el Espíritu Santo”. Sin embargo, el texto griego no usa la palabra “inspirados”. El término en griego es ferómenoi, el participio del verbo Fero, que significa llevar o impulsar. Así, la NVI traduce correctamente que los hombres de Dios hablaron "Siendo impulsados por el Espíritu Santo” otras traducciones usan palabras como “movidos”(BJ) o “guiados”(TLA). ¿Significa esto que el Espíritu no actuó para nada en los escritores? ¡Por supuesto que no! Él los llevó, los guío y los impulsó cual viendo guía a un velero. 

Él trabajó en la personalidad de cada autor para que registrara la voluntad de Dios, pero técnicamente, la inspiración queda reservada solo para el resultado de su trabajo: La Escritura.

Definamos la inspiración: 

Convengamos en que la inspiración de la Biblia no significa la anulación de la personalidad de los autores humanos, ni tampoco un simple dictado que Dios hizo. En realidad, resulta obvio que cada libro de la Biblia tiene un estilo propio, ligado a la personalidad y el trasfondo de cada escritor.

Tampoco se trata de una “inspiración artística” al estilo de un poeta o pintor que se inspira en una atardecer o la persona amada. Una de las mejores definiciones de inspiración es la siguiente: Es la cualidad de los libros de la Biblia como resultado de la dirección del Espíritu Santo sobre los escritores sagrados, sin anular su personalidad, para que consignaran sin error la revelación divina en las palabras de los manuscritos originales.

Esto implica, entre otras cosas, que no todo lo que Pedro decía era inspirado (Theopneustos), sino solo lo que escribió y encontramos en la Biblia. Así que ya lo sabes: La inspiración es la cualidad de los libros bíblicos debido a unos autores que fueron guiados por el Espíritu de Dios.

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sábado, 4 de mayo de 2013

Cómo servir a Dios sin morir en el intento

Publicado por Raúl Gonzáles










Son innumerables los casos de liderazgo en el ministerio en los que vemos el agotamiento como consecuencia de una vida desbalanceada y con prioridades equivocadas. Llevamos el servicio a Dios al extremo de agotar nuestras propias vidas y descuidar nuestro cuerpo, a veces con ocupaciones y agendas que Dios no nos ha llamado a llevar a cabo. Por fuerte que esto pueda parecerte, deseo que hoy te detengas un poco y tomes conciencia de que tu trabajo para el reino de Dios es tan importante, que vale la pena que estés muchos años en esta tierra a fin de desarrollarlo. Un líder cansado no puede escuchar a Dios, y dirige a su gente a la deriva. Nuestro trabajo es principalmente espiritual, por lo tanto, no podemos perder de vista lo más importante.

Ninguna agenda, evento, actividad ni consejería ministerial pueden reemplazar nuestro tiempo a solas con Dios, nuestra lectura y meditación de La Palabra. Regresar a la fuente misma, que es Dios, nos dará la dirección, la visión y las fuerzas necesarias para que todo lo demás fluya en perfecta armonía. 

Pasos prácticos para no agotarte:

1.    Dedica las horas necesarias a dormir y establece el hábito de planificar actividades o días destinados solo a descansar, relajarte en familia y olvidar momentáneamente las responsabilidades ministeriales. Esos “respiros” te permitirán lograr un balance y te pondrán de nuevo en la dirección correcta.

2.    Delega todo lo que puedas en tu gente de confianza. Considera en Éxodo 18:17-18, 21-23 el consejo que el suegro de Moisés le da en un momento en que él se sentía frustrado o agotado. No tienes que hacer todo el trabajo tú solo. Confiarle ciertas responsabilidades a tu gente posibilitará que te hagas cargo de lo principal y potenciará a tu equipo.

3.    Pon tus prioridades en orden. Quizás esto implique que tengas que aprender a decir que “no” a ciertas cosas sin que te invada la culpa. Recuerda el siguiente orden de prioridades a la hora de programar tu día: Primero Dios, luego tu familia y en tercer lugar tu ministerio. ¡Corre cada día a la presencia del Señor hará que definitivamente puedas servir a Dios sin morir en el intento!

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viernes, 3 de mayo de 2013

Cómo incluir historias e ilustraciones en tus charlas

Publicado por Raúl Gonzáles










Todos recordamos alguna historia que escucharnos que nos hizo llorar, reír, o hasta enojarnos al punto de querer trasladarnos al lugar de los hechos y ser parte de la aventura. Las historias están presentes en todo: Chistes, chismes, novelas de televisión, noticieros y La Biblia. ¡Estamos rodeados de ellas, ya que la vida misma es una gran historia!

Si hablamos del poder que puede tener un logo o imagen sobre nosotros y lo que produce en nuestro cerebro, también podemos sorprendernos. ¡Piensa en el logo de tu refresco favorito y sin duda alguna en unos minutos hasta podrás sentir su sabor! Lo cierto es que las ilustraciones e historias captan de manera poderosa nuestra atención. Así que cuando son bien utilizadas, constituyen poderosas herramientas para lograr una comunicación efectiva, y por ende, un aprendizaje significativo. 

Sin embargo, es muy importante recordar que son recursos para captar y orientar la atención. De modo que sí abusas de ellos o no son utilizados correctamente, pueden convertirse en los más poderoso disociadores de la enseñanza. El resultado sería poco beneficioso y totalmente contrario a lo que imaginaste que podría suceder. En ese momento, redirigir la atención de tu audiencia al punto que realmente deseabas resultará imposible por completo.

Las historias e ilustraciones son herramientas de comunicación que utilizan un acontecimiento, relato u objeto para ayudar a alguien a entender y sentir cómo se sienten o actúan otros. Estimulan el hemisferio izquierdo (analítico) y el derecho (emocional) del cerebro. Son además sumamente efectivas para comunicar pensamientos y emociones, motivan una respuesta o acción específica, estimulan el pensamiento lógico, el análisis y la capacidad de recordar y relacionar. ¡Constituyen un excelente canal de comunicación! Jesús utilizaba parábolas para enseñar, que no son más que una forma de comunicar una verdad ilustrándola con analogías o ejemplos de la vida cotidiana. Con frecuencia empleaba objetos físicos e ilustraciones para dar a entender su punto.

¿Puedes imaginar lo útiles que pueden llegar a ser las historias e ilustraciones en tu labor como líder o pastor? A partir de hoy, ten en cuenta estas sugerencias y conviértete en un comunicador efectivo del mensaje único de la Palabra de Dios.

. Enfoca tus esfuerzos en cumplir tu objetivo. Cada reunión que tengas a tu cargo debe tener una meta que cumplir, y alcanzarla debe ser tu objetivo. Cada actividad del programa que diseñes debe convertirse en una herramienta para alcanzar tu fin. Todas las actividades y recursos que no tengan relación directa con esto, elimínalas del programa porque pueden desviar la atención de tu audiencia.

. Determina el propósito. Decide qué quieres lograr con cada ilustración o historia que utilices. Conéctalas con el propósito de tu enseñanza. Define si con la historia o ilustración quieres corregir, ejemplificar o expresar algo. Por intención y el objetivo de la reunión.

. Conoce a tu audiencia. Ten cuidado de no caer en el error de utilizar ilustraciones que para ti tengan un gran significado, pero para tu audiencia no. El contexto de cada generación es diferente e incluso algunos símbolos adquieren con el tiempo y a través de las culturas diferentes significados. La historia o ilustración que decidas utilizar será más efectiva si tiene sentido para quienes te escuchan.

.Escoge la herramienta que utilizarás. De acuerdo a tu objetivo, utiliza una historia, ilustración o imagen que sea congruente con el contenido de tu enseñanza. No agregues nada solo porque te pareció gracioso o atractivo, o para llenar un espacio vacío de tiempo. Utiliza solo aquello que te ayude a enfocar la atención de tu audiencia en lo que quieres plasmar en sus mentes y corazones. Recuerda que el propósito principal de tu tarea no es impresionar a nadie, sino enseñar La Palabra de Dios. Utiliza el sentido común para no sobrecargar tu mente con diez historias y veinte imágenes. Cada herramienta que utilizas genera procesos en el cerebro de tu audiencia, procesos que debemos respetar para no cansar la vista, el pensamiento y perder el control en cuanto al logro de tu objetivo. 

.Personaliza tus ilustraciones o historias. Salte de lo convencional, usa historias reales acerca de ti o algún miembro de tu grupo (con su previa autorización) y elabora tus propias imágenes con fotos reales tuyas y de tu grupo. Esto le dará cierto toque de pertenencia y mucha originalidad a los recursos que utilices. Además, así estimularás la participación y la atención de tu audiencia.

. Anticípate a los resultados. Prepara con anticipación tu enseñanza y emplea el tiempo necesario para revisar lo que planificaste. Ensaya el momento en el que usarás las historias e ilustraciones, porque serás capaz de percibir de diferentes maneras lo que dirás y cómo lo expresarás. En muchas ocasiones verás cómo revisar tu bosquejo o enseñanza te permitirá redefinir tu trabajo y mantenerte más atento a los detalles. 


¡Utiliza estos criterios y lograrás comunicarle de manera efectiva el mensaje de Dios a las próximas generaciones!

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jueves, 2 de mayo de 2013

¡Cómo hablar en público sin morir en el intento!

Publicado por Raúl Gonzáles

Existen tres maneras de bajar del púlpito luego de un sermón:

1.   Habiendo ganado por nocaut, es decir, terminado la predicación de manera brillante, conmoviendo al auditorio.

2.   Habiendo ganado por puntos, es decir, terminado la predicación con la sensación de que pudo haber estado mejor.

3.   Sintiendo que alguien tiró la toalla y nos sacaron, es decir, terminando con esa sensación de que necesitamos replantearnos el ministerio de La Palabra. Todo orador o predicador ha vivido las tres experiencias: victoria indiscutida, victoria por puntos  y fracaso. Creo que no hay nada más frustrante que experimentar ese sabor amargo del fracaso en lo que amas hacer. No obstante, se debe aprender de los errores.

CINCO CLAVES PARA UNA COMUNICACIÓN EFECTIVA: 

1.   Entendimiento. ¿Entienden lo que les decimos?
La comunicación tiene lugar solo cuando se entiende lo que hablamos. No hay comunicación solo por el hecho de transmitir algo. Cuando el mensaje llega al oído, pero no hay comprensión de lo dicho, solo logramos trasmitir determinada información.
Por eso, como dice un refrán: Hay algunos que dicen algo, mientras otros tienen algo que decir.

Recuerdo esa gran historia bíblica en Hechos 2:1-13, en plena fiesta de Pentecostés. En la actualidad, cuando hay conferencias donde los presentes representan a diferentes países, existe un circuito cerrado con traductores que van ayudando a que todos entiendan al conferencista. Lo que sucedió en esa fiesta de pentecostés fue que ciento veinte personas impulsadas por el Espíritu Santo comenzaron una predicación simultánea, pero en diferentes idiomas. Más de quince culturas diferentes pudieron oír el mismo mensaje en su lenguaje natal. Una de las cosas prácticas que aprendo de esta historia es que un verdadero mensaje del Espíritu Santo siempre buscará hacerse entender con claridad en los oídos de los presentes.

2.    Proceso. Existen tres peldaños en el proceso comunicativo.

1-   Información: conocer el contenido que vamos a exponer.
2-   Intención: discernir qué queremos que sepan y qué queremos que hagan.
3-   Efecto: en última instancia, el auditorio tiene el control, pues este tomará la decisión de hacer lo que estime con el mensaje. No obstante, si bien el receptor decide qué hacer con el mensaje, dependerá mayormente del emisor que se dé la respuesta esperada.

3.   Ruidos. 

Ruido mecánico: el ruido exterior que en muchos casos es inevitable que exista. Si bien este tipo de distracción entorpece el proceso comunicativo, constituye una manifestación medible y cuantificable. Se puede evitar tomando precauciones prácticas como hacer la reunión en un espacio cerrado, cerrar las ventanas, y llevarse a los pequeñitos a las actividades para niños de modo que no se aburran y distraigan a los adultos con sus llantos o rabietas.

Ruidos semánticos: es el ruido interior, cuando el receptor malinterpreta el mensaje o se distrae al ser estimulado por una serie de imágenes de la mente que le evocan pensamientos voluntarios o involuntarios, los cuales terminan por diezmar la comprensibilidad del mensaje. Ante este tipo de ruido mental se debe estar preparado con tres estimuladores de la atención. 

1-   El humor: Usar sana dosis de humor en un mensaje es sumamente estratégico. A nivel cerebral se libera adrenalina, que es un componente esencial para la atención.
2-   Ilustración o anécdota: relatar una experiencia personal, con una intención dramática o chistosa, provoca que evitemos los excesos de conceptualismo subjetivos. Contar una buena historia es siempre recomendable cuando se sabe que ese momento del mensaje es muy técnico o conceptual.
3-   Interrelación con el auditorio: no hay nada más cautivador que cuando el predicador o conferencista hace participar al público. Provoca un efecto visual extraordinario que el auditorio se transforme también en protagonista del mensaje.
 
  1. Códigos de la comunicación.
Código  verbal: la voz, lo que se transmite a través de las palabras que dices. Código no verbal: todo lo que se comunica por medio del cuerpo del conferencista: su rostro, su postura corporal, sus movimientos, su distancia del auditorio, entre otras cosas. Código para-verbal: todo lo que se da por medio de los sonidos del lenguaje: la acentuación, la entonación, las pausas, las articulación, la modulación y la pronunciación.

  1. Diez mandamientos dispensables de todo buen comunicador.
1-   No hablar si no nos informamos.
2-   No hablar si no conocemos quién es nuestro público.
3-   No hablar si no nos ponemos en sus zapatos.
4-   No hablar si no sabemos dónde llegar.
5-   No hablar si no estamos dispuestos a que nos evalúen.
6-   Honrar las relaciones y el tiempo junto a nuestra gente, pues más que un mensaje lo que perdura es el ejemplo de vida.
7-   No codiciar los dones de nuestros colegas, sino potenciar nuestras fortalezas.
8-   Reiterar el tema (hacer una serie de más de un mes sobre una temática específica) para que afiance en el corazón)
9-   Tener en cuenta el entorno (pues también habla).
10-Nunca dejar de buscar nuevos caminos para comunicarnos mejor, asumiendo riesgos.

Hablar es gratuito, pero si no nos hacemos entender, lo pagaremos muy caro.

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